jueves, 11 de febrero de 2010

Sobre las despedidas...

La poesía no es el ámbito que más disfruto, ni tampoco aquel en el que me siento más cómodo, y sin embargo en muchas ocasiones me descubro a mí mismo escribiendo versos o palabras hiladas en estrofas de tiras que caen de las páginas como si la gravedad tocara tambien su cuerpo, y creo que en cierto punto aquella falta de voluntad a la hora de elegir cómo hacerlo me divierte y no perjudica lo que quiero decir, lo que siento, lo que quiero expresar, sino que lo alienta en una forma de libertad insólita que deviene en ese ritual improvisado que es para mí escribir una poesía. Esta trata acerca de las despedidas, la escribí mientras fumaba un cigarrillo sentado en el estribo de un tren que me devolvía a mis orígenes y me iba arrancando físicamente de otros parajes que apenas y pude conocer, poco a poco, conforme la máquina avanzaba. Ahí va:

Las despedidas son pastillas
que seducen al dolor,
y engañan a los extraños
que agotados
se rinden y celebran
la ruptura de sus cuerpos;

se dicen adiós,
nos vemos pronto,
pero estas palabras
no significan nada;

será sólo la pérdida,
la desventura amarga
y la tristeza
lo unico que quede en ellos
al terminar el día;

pero se habrán despedido y entonces
creerán que la pena es mutua
y hallarán consuelo en el abrazo,
en el último beso tibio,
en la sublime y maldita convicción
de que no están solos,
de que acaso eso
ya no es posible.

Desencuentros

Este es un pequeño texto al cuál no sé (ni me debe interesar tanto) cómo etiquetarlo, ¿es un cuento, es un relato, es una historia, es una analogía? De poco servirán las respuestas a tales interrogantes. Ahí va:

"Cuando pensaba en Lulú, estaba fantaseando con besar los labios de Camille; lo mismo daba que se convenciera de estar pisando la habitación, el ático o la biblioteca, pues siempre estaban en la cocina, sobre la mesa atestada de migas de pan, la mesa de noches silenciosas de palabras amordazadas que nunca salían de su boca ni de la de Lulú, la que llevaba el anillo, durante esas veladas de sabores ficticios y emociones huecas. Y si era así, si ella dormía junto a él todas las noches, si ella acusaba en su vientre al hijo de ambos, si ella, Lulú, había vestido de un blanco destellante aquella tarde y, pese a los pájaros y las endiabladas razones, pese a los discos y los collares de macramé, si así y todo él había puesto el anillo en su dedo (el de Lulú), entonces debía pensar en ella (en Lulú) y no había nada que hacer ni nada que decir al respecto (sobre Lulú). Pero en cuanto se relajaba, en cuanto su resistencia amainaba y los guardianes de esa pose se alejaban de su perniciosa labor, su cabeza dejaba de ser una máquina rigurosa, y le salían brotes, raíces, ramas, hojas verdosas o azuladas; numerosos y fuertes tallos de dimensiones imponentes surgían del interior de la máquina que tenía, sí, tenía que pensar en ella (en Lulú) y la iban quebrando poco a poco, con cada nuevo brote, con cada dulce y venenosa flor que iba naciendo entonces; por eso cuando ya estaba despreocupado y tranquilo de sí mismo, cuando andaba en bicicleta o deambulaba por las avenidas de noche, empezaba a silbar una canción, comenzaba a mover la cabeza de un lado al otro, se imaginaba a si mismo en la cocina, sobre la mesa de ausencias, tocando su cuerpo, besando sus labios, gozando en la plenitud de cada uno de sus sentidos, feliz en su encuentro, pensando en Camille (y no en Lulú), deseando a Camille (mas no a Lulú), descubriéndose de repente tan lejos de ella (de Camille) pero tan lejos de ella (de Lulú), como un idiota, como un vigía enceguecido o un guerrero angustiado, solo entre dos limbos, embriagado de dolor; solo, arrastrado a su suerte (la de Lulú), pensando en ella (en Camille), siempre pensando en Camille.

Viscosidades

Esta ha de ser la parte más aburrida, donde yo diría "este blog tiene como objetivo..." o "me encantaría compartir con...", o "desde este espacio quiero..."; pero no voy a decir nada de eso; me parece que todo ello ha de ser ímplicito y queda en cada uno adentrarse en las viscosidades de lo venidero prescindiendo o no de un título o de una introducción para hacerlo... Cabe agregar que la bicicleta seguirá rolando, pero las promesas son en este sentido algo así como barreras, y justamente se trata de lo opuesto. Saludaría pero no se a quién dirigirme, así que simplemente voy a dejar de escribir este penoso texto primerizo (acá) y voy a entregarme a lo demás (allá), y no hay más que decir al respecto.